Debajo de una flor enrojecida
he descubierto mi verdad acariciada:
lo que he hecho de mí durante siglos
es una guerra cruenta conmigo mismo,
mi eterna lucha por la coherencia...
Y sé por ello que, inevitablemente,
seguirá volando sobre mí esa nube extraña.
Y he de contar las bajas que produzcan mis palabras,
que al final habré de preguntarme entre las sombras
si ha valido la pena todo esto...
Fue debajo de una flor enrojecida,
donde descubrí mi verdad acariciada
y será, junto a un camino solitario,
donde habré de regresarla, marchita, a la tierra...
... no pensé, en el atardecer que la arrancaba,
que una vez en mi mano, hasta el ocaso,
debería acompañarme inseparablemente...

© 2001-2006 Andrés Navarro Herrera